Como seres humanos, nos hemos empeñado en decir que cada persona tiene algo distinto de los demás, algo tan especial que… incluso, en un grupo de personas con gustos similares, ese “no sé qué…”, nos hará resaltar; pero algo grandioso sobre la sociedad, es que… a pesar de tantas diferencias, todos pertenecemos a la misma especie, en otras palabras, sí cada individuo es muy distinto de los demás, a tal grado que nadie, jamás, llegará a ser exactamente igual a otro, pero… somos muy similares… la mayoría de nosotros tenemos dos ojos, una boca, dos piernas, dos brazos y otras cosas, algunos, tienen dos brazos, una pierna, dos ojos y más… otros… tienen dos piernas, dos ojos, una boca… pero solo un brazo… sin embargo, aún así, hay un grupo de personas que será muy semejante a ti y si a los científicos les basta con que un resultado sea semejante al valor real, ¿por qué a nosotros no nos vasta el hecho de que todos los seres humanos seamos de la misma especie, para decir que hay alguien igual a nosotros?
La niña que se creía sirena, escrito por Eileen Cronin, cuya primera edición se lanzó al público en 2014, es una historía que describe claramente los días soleados donde un vaso de agua no es suficiente para aliviar la sed y donde los días fríos te hacen necesitar el apoyo emocional que tú misma te brindas. Dentro de estos días, Eileen cuenta su historia, lo más exacta que recuerda, y entre charlas sobre amoríos juveniles y rebeldías “normales” de adolescentes, no olvida la razón de sus apodos, dentro de su familia; porque… ¿qué pasaría si una gran parte de tu existencia la vives, solamente, pensando en lo qué te hace diferente de los demás (y el más mínimo rastro de similitud lo consumes con las 1,101 diferencias que esa persona tiene sobre ti)? — Bueno… en primera… creerás que no hay nadie, absolutamente nadie igual a ti y en segunda… al final, terminarás creyendo que el mundo es completamente injusto, solo contigo; pero… lo increíble del mundo, es que… en realidad, no es bueno ni malo, al igual que las personas, porque sí, hay muchas personas malas en el mundo, pero también hay muchas personas buenas, el mundo tiene sus ventajas y desventajas. Si vives, únicamente percibiendo las cosas malas, terminarás por creer que todo en él es malo —.
La manera en la que su prosa está escrita, sin duda te hará recordar a más de una conversación con alguien especial y los sucesos, desarrollados de una manera excepcional sin alguna otra opción para sus consecuencias, serán los culpables de que te des cuenta que, los escenarios de películas suceden todos los días, así que, leerlo, es algo que deberías hacer. Lo quieras o no, tú eres el protagonista de tu propia historia y solo tú decides qué se cuenta en cada capítulo. ¿Quieres que todos los capítulos cuenten que tu vida es un desastre porque la sociedad a sido horrible contigo? — Adelante, nada lo impide — o… ¿Quieres terminar los últimos capítulos del libro contando cómo algo o alguien sin importancia te hizo darte cuenta de la realidad de las cosas? — Porque todo, absolutamente todo, inicia con unas palabras —.